Acueducto de Segovia

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Esta obra arquitectónica levantada por los romanos en la segunda mitad del siglo I d.C. o principios del siglo II, posiblemente durante el mandato del emperador Claudio, en Secovia, hoy Segovia, para suministrar de agua potable a esta ciudad de los vaceos a partir del cauce del río Frío, situado a unos 18 Km., sea el acueducto romano mejor conservado del Imperio.

Supuso la creación de una obra ciclópea urbana que se integra en su marco natural adaptándose rítmicamente al terreno, y que confiere al paisaje urbano una grandiosidad y monumentalidad indescriptible. Respecto de la cronología de su construcción no hay una unidad de criterios, pues para algunos historiadores, entre ellos Menéndez Pidal, creen que su ejecución se efectuó en tiempos de Augusto, en tanto que otros lo asocian a la época de Claudio, en la segunda mitad del siglo I, e incluso otros apuntan la idea de incluirlo dentro de las obras realizadas en Hispania por mandato del emperador Trajano.

Acueducto. Segovia, s. I - II d.C.Tiene una longitud de unos 728 m. y una altura máxima de 28,50 m., a los que hay que añadir cerca de 6 m. de cimientos en el tramo principal. Consta de una doble arquería, la inferior formada por 119 arcos de medio punto de diferente luz, dependiendo del tramo y las adaptaciones al perfil del terreno, y la superior de 44 arcos, que constituyen el núcleo central del Acueducto.

En su estructura longitudinal se distinguen cuatro tramos a partir del desarenador o decantador de las aguas: la primera alineación está formada por 6 arcos de medio punto de tosca factura y una altura creciente de 2,40 m., en la parte superior, sobre una cornisa que se apoya en las claves de los arcos, aparece el ático de mampostería que contiene el canal conductor del agua, que se mantiene en toda la obra con una sección en forma de U de 180 x 150 cm.; la segunda alineación está formada por 25 arcadas que, en gran parte, fue reconstruida probablemente en época de los Reyes Católicos; la tercera, tiene un total de 44 arcadas de ellas están reformadas las dieciséis primeras; y el último tramo, corresponde a la zona principal del Acueducto y está formado, también, por 44 arcadas superpuestas en dos pisos, salvo las dos de los extremos.

En el piso superior los arcos tienen una luz de 5,10 m., algo mayor que en los arcos inferiores, y los pilares son de menor altura y grosor; se remata con el ático por donde discurre el canal, adaptándose el piso inferior a los desniveles del terreno. En el piso inferior los arcos tienen una luz que oscila alrededor de los 4,50 m. y los pilares disminuyen su grosor de manera escalonada, de abajo a arriba: en la coronación tiene una sección de 1,80 x 2,50 m, mientras que en la base llegan a alcanzar 2,40 x 3 m. Para su construcción se utilizó piedra berroqueña, granito de grano gordo y color cárdeno, para los sillares, muchos de ellos tallados ex profeso para el lugar que ocupan. Los sillares están labrados de forma tosca, unidos sin ningún tipo de argamasa y colocados a hueso.

Desde el punto de vista estético los romanos crearon una estética particular a partir de la combinación del muro con el hueco. Esta asociación crea una imagen, fundamento de la estética utilizada en puentes y otras construcciones del imperio, en la que se equilibran el arco y el dintel, lo dinámico con lo estático, la idea de macizo y vano, de claro y oscuro que tan fructífera será para el futuro.

El magnífico monumento se ha mantenido en buen estado de conservación, sin grandes transformaciones, debido, en cierto modo, a la sobrecogedora y misteriosa grandeza de estructura que impone respeto y al hecho de que, aún en el siglo XX, continúa ejerciendo su función original. La primera gran obra de reconstrucción debió realizarse en tiempos de los Reyes Católicos: el prior del monasterio de los Jerónimos del Parral, don Pedro de Mesa, fue el encargado de administrar las obras de reconstrucción entre los años 1484 al 1489, cuando se reedificaron 36 arcos respetando al máximo la obra original, aunque algunos arcos tienen una leve tendencia a la forma apuntada y una labra menos tosca que la de los sillares romanos. En el siglo XVI se reponen en los nichos del pilar central las estatuas de la patrona de Segovia, la Virgen de la Fuencisla, y de San Sebastián. En la actualidad, el estado de deterioro de la piedra por la contaminación atmosférica ha sido tan alarmante que el Estado, con la ayuda de otros organismos nacionales e internacionales, ha tenido que protegerlo mediante un minucioso proceso de restauración.